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El merecimiento y el permiso

 

El permiso y el merecimiento, son dos conceptos que van íntimamente ligados con la autoestima y la conexión con nosotros mismos.

Muchas veces la falta de sensación de merecimiento y la falta de permiso por parte de nosotros mismos.

Esto supone un impedimento a la hora de conseguir aumentar nuestra autoestima y conseguir nuestras metas.

Estas sensaciones suelen gestarse durante la infancia y la adolescencia con las experiencias vividas y la relación con nuestros padres, la escuela y la familia en general.

Si bien es cierto que a partir de la adolescencia y la etapa adulta, somos capaces de modificar tanto a nivel cognitivo como emocional estos registros guardados en el inconsciente.

Podemos hacer que sean como nosotros queremos aunque no se hayan producido de la manera correcta en nuestro desarrollo inicial.

Teniendo en cuenta que nos movemos desde el inconsciente en un 90% del tiempo, hemos de ser conscientes de que es probable que haya que revisar que es lo que tenemos guardado en nuestro archivo.

Revisar si es o no funcional para nuestra vida actual y para conseguir nuestros objetivos vitales y un auto desarrollo completo.

La idea del merecimiento viene dada por los mensajes de nuestros padres cuando éramos pequeños y no solo los mensajes verbales.

También tienen mucho que ver los mensajes subyacentes de las situaciones que vivíamos, es decir, el significado asociado que tuvo esa situación para nosotros.

Os pongo ejemplos de ambos conceptos:

Merecimiento mensaje explícito:

 

Si cuando fuimos pequeños nuestros padres nos decían que si no nos comíamos la cena, no nos merecíamos ver la tele, ese mensaje queda registrado.

Los niños cuando son pequeños, no tienen la capacidad de discernir de manera racional qué significado tiene un mensaje y todo el lenguaje va directo al inconsciente sin revisar.

Si no me acabo la cena, no me merezco ver la tele porque no me he portado bien.

Este es el registro que queda archivado en el inconsciente.

Si hay muchos mensajes de estos derivados de castigos por no haber hecho algo, el mensaje mayoritario que queda grabado es “Yo no me merezco algo si no he hecho algo bien antes” y de mayor cada vez que venga algo bueno a mi vida sin esfuerzo, voy a pensar que no lo merezco porque en mi archivo, está así registrado.

Este es un ejemplo de mensaje explícito y verbalmente directo, pero también hay mensajes subyacentes, os pongo un ejemplo:

Merecimiento mensaje subyacente:

 

En la adolescencia un chico conoce a una chica muy guapa y su padre le dice, esa chica es muy guapa para ti, lo que el chaval va a identificar, es que no se merece una chica guapa.

Siempre que venga una mujer guapa a su vida la va a rechazar por el mensaje que quedo grabado en su etapa de desarrollo.

La adolescencia es una etapa especialmente delicada y los chavales necesitan refuerzo en autoestima para construirla y no hablarles desde nuestras limitaciones que no hemos podido superar.

Estos son dos ejemplos de mensajes directo y subyacente de no merecimiento.

El trabajo es detectar si hubo o no mensajes de ese tipo en nuestra infancia, si los hubo, hay que desmontarlos y crear registros nuevos de merecimiento para que cuando venga algo positivo a nuestra vida tengamos el automatismo fabricado y el inconsciente lo reconozca y lo acepte de manera automática.

Aquí os indico algunas preguntas que podéis haceros para detectar si tenéis el automatismo de merecimiento saludable creado en vuestro inconsciente o si por el contrario, necesitáis revisar vuestra relación con el merecimiento:

  1. ¿Qué cosas no tengo y me gustaría tener?
  2. ¿Siento que me las merezco?
  3. ¿Qué cosas te mereces en la vida?
  4. ¿Qué reglas de merecimiento viví en mi infancia y adolescencia?

merecimiento bea vindel

 

Otro aspecto importante del que os quiero hablar, es el permiso.

Con este concepto pasa un poco como con el merecimiento, si de pequeños no hubo permiso para brillar, para equivocarse, para dudar, para perdonar (para cualquier concepto que se os ocurra y que sintáis que os cuesta permitiros), en la etapa adulta no va a ser posible que os permitáis todo lo que os pasa.

Es algo bastante habitual y ocurre prácticamente lo mismo que con el merecimiento hay mensajes directos y subyacentes.

Os pongo ejemplos también:

 

Permiso mensaje explícito:

 

Lo que podría ser un mensaje directo es que cuando un niño llora porque se ha hecho daño, y sus padres le dicen los niños grandes no lloran y inhiben el llanto, ese niño crece aprendiendo que no debe llorar porque si no, no es un niño válido.

Seguramente no va a permitirse llorar o estar triste cuando algo le sale mal.

Permiso mensaje subyacente:

 

Un ejemplo de situación con mensaje subyacente, podría ser que un niño por ejemplo tiene un malestar emocional porque le ha pasado algo en el colegio con otro niño y cuando va a explicarlo a los padres, ellos no le prestan mucha atención porque no lo consideran importante.

Seguramente para un adulto con una construcción estable no lo es, pero no olvidemos, que los niños están aprendiendo a construir su estructura emocional y necesitan las bases claras  para hacerlo.

La consecuencia es que cada vez durante la edad adulta cuando este niño necesite que alguien le escuche, no se va a permitir ni siquiera explicar que le pasa, porque de pequeño nadie le escucho y sus preocupaciones no eran importantes para nadie, con lo cual el mensaje subyacente es:

Yo no me permito explicar mis problemas, porque nadie me escucha.

Al igual que con el concepto de merecimiento, sería interesante hacer una auto exploración y detectar que permisos tenemos y cuáles no.

Aquí os dejo algunas preguntas de testeo:

  1. ¿Qué cosas me permito y cuáles no?
  2. ¿Qué cosas me gustaría permitirme?
  3. ¿Qué reglas de permiso viví en mi infancia y adolescencia?

 

Esto es todo, espero que estos consejos os sirvan de ayuda para detectar patrones inconscientes limitantes y para que podáis aprender a daros permiso, sentir merecimiento y conseguir así vuestras metas.

Un abrazo fuerte

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